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Ludwig van Beethoven (1812)
Nunca se supo con certeza a quién iba dirigida. Se encontró entre sus papeles después de su muerte, en 1827.

Mi ángel, mi todo, mi propio yo… Solo unas palabras hoy, y además con lápiz (con el tuyo)… ¿Por qué existe un dolor tan profundo cuando la necesidad manda? ¿Puede nuestro amor sostenerse de otro modo que no sea con sacrificios, sin exigirlo todo? ¿Puedes cambiar el hecho de que no eres enteramente mía, yo no enteramente tuyo?…

Ah, Dios, se mira uno a la naturaleza tan bella y se dice: esto es todo lo que hay. Sé calmado, pues sólo con calma podemos alcanzar nuestro propósito de vivir juntos… Sé calmado, ámame; hoy, ayer. Qué anhelo, qué lágrimas por ti, tú, tú, mi vida, mi todo. Adiós. Oh, sigue amándome; nunca desconozcas el corazón más fiel de tu amado.

Siempre tuyo, siempre mía, siempre nuestros.


Escrita a lápiz, con prisa, con la letra de alguien que no puede decir todo lo que siente y aun así lo intenta. Una carta para el amor imposible o el amor que no cabe en las palabras.