Esopo (atribución tradicional) · Three Hundred Aesop’s Fables
Un viejo labrador sabía que sus fuerzas empezaban a abandonarlo. Había trabajado toda su vida la misma tierra y conocía cada rincón de sus campos.
Sus hijos, sin embargo, no habían aprendido a querer aquel trabajo.
Cuando el padre comprendió que estaba cerca de morir, quiso dejarles algo que pudieran entender.
Los llamó y les dijo que en algún lugar de las tierras había un tesoro enterrado. No les explicó dónde. Solo les pidió que, después de su muerte, buscaran con cuidado.
Cuando murió, los hijos salieron al campo.
Cavaron aquí y allá. Removieron la tierra de un extremo al otro. Buscaron bajo los árboles, junto a los muros y entre los surcos.
No encontraron monedas.
No encontraron joyas.
No encontraron ninguna caja.
Pero habían removido toda la tierra y, sin darse cuenta, habían dejado el campo perfectamente preparado para sembrar.
Llegó la siguiente cosecha y fue extraordinaria.
Entonces comprendieron el secreto de su padre.
El tesoro nunca había estado escondido bajo la tierra. Estaba en la tierra misma y en el trabajo que habían hecho para cuidarla.
Hay regalos que no consisten en recibir algo, sino en aprender a descubrir lo que ya teníamos delante.
Para quedarse pensando: esfuerzo · aprendizaje · recompensa
Dónde encontrarlo: recogido en Three Hundred Aesop’s Fables, traducción de George Fyler Townsend (Project Gutenberg, eBook 21).
