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Rubén Darío (Nicaragua, 1867–1916)
Sobre la angustia de estar vivos y saber que un día no lo estaremos.

Dichoso el árbol que es apenas sensitivo,
y más la piedra dura porque ésa ya no siente,
pues no hay dolor más grande que el dolor de ser vivo,
ni mayor pesadumbre que la vida consciente.

Ser, y no saber nada, y ser sin rumbo cierto,
y el temor de haber sido y un futuro terror…
Y el espanto seguro de estar mañana muerto,
y sufrir por la vida y por la sombra y por

lo que no conocemos y apenas sospechamos,
y la carne que tienta con sus frescos racimos,
y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos,
¡y no saber adónde vamos,
ni de dónde venimos!…


Un poema para leer despacio, casi con miedo. Darío no busca consolar: busca nombrar esa incomodidad que casi todos sentimos y casi nunca decimos en voz alta.