Cada mes, una carta a corazón abierto para ti · Suscríbete
Comparte tu historia
Yilian y su padre, en un abrazo, en una fotografía en blanco y negro

Cómo se dice adiós…

Mañana hace un mes de tu partida.

Y no pasa un solo día en el que me parezca mentira que ya no estás.

El dolor de tu ausencia sigue sintiéndose como un tsunami que me arrastra. Hay días en los que consigo mantenerme a flote y otros en los que simplemente intento respirar en un mundo que, de repente, tiene tu forma vacía en cada rincón.

A veces siento que me quedé con demasiadas palabras sin decir.

Con demasiados «te amo» guardados.

Con demasiadas conversaciones pendientes.

Quería que, incluso en la distancia, mis palabras te acompañaran. Quería decirte todo lo que significabas para mí, todo lo que sigues significando. Esperé tanto para encontrar el valor de expresar algunas cosas que, cuando por fin lo tuve, ya era demasiado tarde.

Y ahora me enfrento a una pregunta para la que todavía no tengo respuesta:

¿Cómo se dice adiós a quien no puedes dejar ir?

Te pienso cada día.

Y te sueño cada noche.

Desde que te fuiste, mis sueños se han convertido en lugares de encuentro. En ellos intento salvarte una y otra vez de esa muerte inevitable. Sé que probablemente son mis miedos hablando, mi corazón intentando negociar con una realidad que aún le cuesta aceptar.

Pero también sé que muchas veces cierro los ojos porque allí todavía puedo encontrarte.

Te amo de la forma más bonita y pura que sé amar.

De la misma manera que tú me enseñaste.

Ese amor que no encadena.

Ese amor que quiere ver feliz a quien ama, esté cerca o lejos.

Gracias por dejarme ser.

Gracias por no intentar meterme en moldes que no eran para mí.

Gracias por dejarme volar.

Cada vez que rompí una caja en la que no cabía, tú estuviste ahí.

Apoyándome.

Sosteniéndome.

Creyendo en mí incluso cuando yo dudaba.

Y no hay palabras que me hayan dado más fuerza en esta vida que aquellas que tantas veces me repetiste:

«Mi chiquitica, todo va a estar bien.»

Yo te creía.

Te creía con una fe absoluta.

Porque durante muchos años fuiste mi refugio, mi lugar seguro, mi forma más cercana de entender el amor incondicional.

Tu muerte marcará un antes y un después en mi vida.

Ahora me toca aprender a habitar un mundo en el que ya no estás físicamente.

Aprender a caminar sin poder llamarte.

Aprender a encontrarte de otra manera.

Porque aunque ya no pueda abrazarte, sigo sintiéndote en tantas cosas…

En mis valores.

En mi forma de amar.

En mi manera de cuidar a quienes quiero.

En la fuerza que intento sacar incluso en los días más difíciles.

Tu partida me ha dejado aprendizajes que todavía estoy procesando.

Hay heridas que siguen abiertas.

Hay preguntas que siguen buscando respuestas.

Y hay una nueva versión de mí que está naciendo en medio de todo esto, intentando cada día hacerlo lo mejor posible.

Por ti.

Y también por mí.

Hoy dueles mucho.

Mi alma sigue rota en muchos lugares.

Pero quiero que sepas algo.

Voy a estar bien.

Te lo prometo.

Voy a cuidar de mí.

Voy a seguir adelante.

Voy a intentar construir una vida que te haría sentir orgulloso.

Porque sé que, estés donde estés, lo que más deseas es verme feliz.

Así que cuidaré de tu legado.

Te honraré cada día intentando ser una buena persona.

Intentando vivir con amor.

Intentando hacer el bien.

Y cuando la vida se vuelva difícil, volveré a escuchar tu voz diciéndome aquello que tantas veces necesitaba escuchar:

«Mi chiquitica, todo va a estar bien.»

Que la paz esté contigo, papá.

Y que el amor que nos unió siga encontrando la forma de acompañarme mientras aprendo a vivir sin ti.

Yilian Valdés Ruiz
Yilian ValdésEscribo desde el proceso, desde lo humano.Conoce mi historia

Comparte esta reflexión

WhatsApp
Facebook
LinkedIn
Email

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Sigue leyendo

Reflexiones relacionadas

Ver todos los artículos